Imagino
mi vida como un puzle y cada situación vivida como una pieza a encajar. Con
casi veinte años a mi espalda he podido comprobar que todas las piezas encajan.
No sobra ninguna. Ni siquiera aquella pieza a la que resulta difícil
encontrarle sitio. El
bebé de 4,6 kg que vino al mundo el 26 de diciembre de 1996 no pensaba esto.
Fui la única niña que nació en el Hospital Materno-Infantil de Málaga en esta
“curiosa” fecha y por si esto fuera poco, les sacaba una cabeza y unos cuántos
gramos al resto de niños que nacieron en ese día.
Tengo la suerte de tener tres hermanos que tienen como mínimo quince años más que yo. Siempre he sido “la pequeña de la casa” y he estado especialmente cuidada y protegida. Recuerdo mi infancia como una época muy feliz que podría resumirse en mi pequeña obsesión por las Barbies y en los interminables llantos de cada mañana en la guardería. Mis tres hermanos se fueron marchando a Pamplona a estudiar. Se me rompía el corazón cada vez que me decían que en unos días se volverían a ir a “ese sitio donde estudiaban”. Me crié casi como una hija única y esto me hizo madurar especialmente pronto. Durante mi adolescencia, mi pequeña obsesión por las Barbies dejó paso a mi obsesión por los resultados académicos. Me pido más de lo que puedo dar y he sufrido mucho por esto a lo largo de mi vida. Tenía mi grupo de amigas con las que compartía mucho, pero apenas salía de casa con ellas. Fue una época dura que todavía me cuesta aceptar. Esto hizo que mi autoestima acabara en un fondo subterráneo porque nunca me creía lo suficientemente buena.
A los quince años me contaron en el colegio cómo cada escalón que la Niña María subía para llegar al templo en su presentación era un valor más que incorporaba en su vida. La disponibilidad, la alegría y la sencillez. Descubrí que ser así me hacía más feliz. Durante este mismo año tuvimos una convivencia de curso que me cambió la vida. Recuerdo que me senté al sol en un escalón, cogí un boli y una libreta y empecé a escribir mis cualidades y defectos. Me di cuenta de que todo aquello que había vivido en el colegio podía tener un fruto. De repente, sentí necesidad de dar todo lo que estaba dentro de mí. Me sentía con fuerzas para cambiar el mundo. Aunque ahora parezca una utopía, quería terminar con el cáncer, como si de un resfriado se tratara. Mis dos tíos fallecieron durante este año por esta enfermedad y quise hacer algo por ellos. En ese día decidí que quería estudiar Bioquímica y dedicarme a la investigación.
A los quince años me contaron en el colegio cómo cada escalón que la Niña María subía para llegar al templo en su presentación era un valor más que incorporaba en su vida. La disponibilidad, la alegría y la sencillez. Descubrí que ser así me hacía más feliz. Durante este mismo año tuvimos una convivencia de curso que me cambió la vida. Recuerdo que me senté al sol en un escalón, cogí un boli y una libreta y empecé a escribir mis cualidades y defectos. Me di cuenta de que todo aquello que había vivido en el colegio podía tener un fruto. De repente, sentí necesidad de dar todo lo que estaba dentro de mí. Me sentía con fuerzas para cambiar el mundo. Aunque ahora parezca una utopía, quería terminar con el cáncer, como si de un resfriado se tratara. Mis dos tíos fallecieron durante este año por esta enfermedad y quise hacer algo por ellos. En ese día decidí que quería estudiar Bioquímica y dedicarme a la investigación.
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| Día de la Niña María, 2013 |
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| Acto de Graduación de 2º de Bachillerato en el Colegio La Presentación. Málaga, 2014 |
Con muchos sacrificios, mis padres me dieron la oportunidad de venir a Navarra. Era mi sueño poder estudiar donde mis hermanos lo habían hecho. Ya tenía dos sobrinos y por primera vez sentí qué significaba estar lejos de los tuyos desde el otro lado. Ahora mis sobrinos son mi “yo” de hace algunos años. Irme me ayudó a descubrir lo importante que son tus raíces y tu familia. Fue duro, pero gratificante. Nadie puede hacerse una idea de cómo he cambiado desde que estoy aquí. He aprendido a mirar la vida de otra forma, a querer entregarla por los demás y a dejar de aspirar al egoísmo. He sentido que Alguien está “tirando de un hilo”, “el hilo de mi vida”. Entonces te das cuenta de que todas las piezas encajan, de que eres quién eres por todo lo que te ha ido ocurriendo a lo largo de tu vida y tienes plena certeza de que pase lo que pase las piezas seguirán encajando.
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| Encuentro Europeo de Jóvenes. Ávila, 2015 |
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| Jornada Mundial de la Juventud. Cracovia, 2016 |




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