Ella.
La que no soporta los lunes y espera ansiosamente la llegada del viernes. La
que se siente feliz en cuanto tiene un momento de diversión. La que piensa que
ser joven equivale a pasarlo bien. Es ella. La extrovertida, la graciosa, la
fuerte, la orgullosa de ser como es. La que nunca parece tener un día triste y
a la que parecen importarle poco los problemas. Es ella. La que se siente
libre, porque hace lo que le apetece y cuando le apetece. La que cree que tener
una relación estable es algo que aún no toca. La que cree que ya vendrán los
tiempos de compromisos. O quizás no. Es ella. La que piensa que los problemas
dejan de ser problemas en cuanto se bebe más de la cuenta.
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| Fuente: 1wallpaper.net |
Necesitaría más de cinco manos con todos sus dedos para poder contar a los “ellos” y “ellas” que han pasado por mi lado. La sociedad presenta un grave problema: demasiados jóvenes viven de experiencias y apariencias. Necesitan hacer lo que les apetece y en definitiva, vivir experiencias agradables para poder sentirse felices delante de los demás. Ahora bien, si estas experiencias no son de su agrado, estas personas acabarán desoladas hasta que llegue una experiencia que les agrade. Imaginemos a una niña que cambia cada día su camino de vuelta del colegio para pasar por un quiosco en el que le regalan un caramelo. El día en que dejan de darle el caramelo se da cuenta de por qué pasaba por aquel lugar. Sólo cambiaba de camino por su caramelo. ¿Son estas experiencias agradables las que guían nuestro camino? ¿De verdad consideramos que vivir de experiencias nos permite ser libres?
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| Fuente: Pinterest |
Vivir de experiencias nos hace esclavos. Nadie puede ser realmente libre cuando depende de la llegada del fin de semana para estar contento. Pero hay una “fórmula” que nunca falla para tener experiencias agradables: evitar el compromiso contra viento y marea. Y es que cuando los analizo a todos ellos caigo en la cuenta de que son el centro de sus historias. Puedo asegurar que ninguno de ellos quiere comprometerse porque prefieren disfrutar de sus vidas “libremente” y el compromiso lo impediría. Cuántos jóvenes aseguran que no quieren una relación estable o que nunca se plantearían casarse. Sin embargo, considero que la falta de compromiso nos impide ser realmente libres y felices. Todos tenemos la experiencia de que “dar” nos hace más plenos que “recibir”. Es imposible ser feliz sin entregarse. Y es que dar incondicionalmente nos hace fuertes y libres, porque entonces la felicidad pasa a depender de nosotros mismos y no de nuestras experiencias.
Y
es que ella tiene un gran problema que es difícil resolver bebiendo más de la
cuenta. Pues también es ella la que se entristece cinco días a la semana y sólo
es capaz de disfrutar plenamente dos de ellos. La que se siente triste en
cuanto no se divierte. La que vive engañada pensando en que la felicidad
equivale a pasarlo bien. Y también es ella, la que conoce más a los demás que a
sí misma, la que necesita un mensaje cada mañana para sentirse aceptada y
querida. Y es ella, la que oculta tener días tristes y la que no es capaz de
asumir sus problemas. De hecho, es ella la que desconoce qué es entregarse a
una persona y hacerla feliz. La que se siente atada a sus deseos y a sus
apetencias. La que vive centrada en sí misma sin ver la plenitud de un
compromiso. En definitiva, es ella, la que algún día se dará cuenta de que la
felicidad no consiste en beber y olvidarse de los problemas. Y es que
tristemente, ahora mismo, ni siquiera ella misma sabe quién es ella. Y es que
tristemente, estamos rodeados de jóvenes como “ella”, incapaces tener un
compromiso por el miedo a perder un simple caramelo.


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