Veía
las hojas caer. Veía cómo caía una a una desde aquel alto árbol que estaba
frente a mí. La mayor parte de ellas caían estuvieran donde estuvieran y lo
hacían hasta llegar a la hierba húmeda del suelo. Ahí siento que están muchos.
Están en el suelo. Están en el suelo los que han vivido de emociones toda su
vida y ahora no tienen ninguna. Son aquellos que han vivido de las drogas del
placer desde sus inicios. Son hojas que forman parte de un árbol que siempre ha
sido abonado. Pero cuando llega el otoño las hojas caen esté o no abonado el
árbol. Irremediablemente, caen. Así también caen sus vidas cuando dejan de
tener su satisfacción. Así también llegan a la hierba húmeda del suelo.
![]() |
| Fuente: noticias.eltiempo.es |
La
sociedad nos vende un “ten lo que quieras y sé feliz”. Basta con ver tres
anuncios en la televisión aleatoriamente para darse cuenta de esto. Si nuestra
lavadora ya está vieja, vamos a cambiarla por otra nueva. Para qué nos
planteamos arreglarla si es más sencillo comprar otra nueva y supondrá mucho
menos esfuerzo. El verdadero problema llega cuando este pensamiento inunda
nuestra vida. Placer, placer y más placer. Solo queremos emociones que se nos
venden como drogas, pero son emociones que nos llevan a la búsqueda de nosotros
mismos y a la satisfacción de los placeres vivos. No quiero mantener una
relación estable. No quiero ni mucho menos casarme. No quiero en ningún caso
tener hijos y formar una familia, pues me quitará tiempo para hacer lo que me
apetezca hacer. No quiero ser madre. No quiero ser padre. No quiero estar toda
mi vida con una persona. Solo soy yo, yo y yo. Solo yo y nadie más. Dos
divorcios en España por cada matrimonio. Cuántas infidelidades. Cuántas parejas
deshechas. Cuántas parejas hundidas. Cuántas personas que se dieron por
vencidas. Cuántas personas que no se atrevieron a luchar y cuántas que ni
siquiera se atrevieron a comenzar. Y es que tristemente tratamos a las personas
como a una lavadora. Si ya no sirve, la sustituyo. Estamos cosificando a las
personas que tenemos a nuestro lado. Me duele creer que vivamos en una sociedad
tan egoísta. Me duele creer que solo nos busquemos a nosotros mismos. Solo
queremos nuestro placer, nuestro bienestar. Solo queremos lo momentáneo aunque
sea momentáneo. Solo queremos disfrutar unos minutos más hasta que llegue la
próxima diversión. Me duele pensar que el mundo se conforme con esto que se nos
vende como felicidad. Me duele pensar que nadie llegue nunca a salir de esa
hierba húmeda del suelo a la que nos lleva el placer.
Pero hay algunas hojas que no caen. Hay
algunas hojas que no caen ni en otoño. Hay algunas hojas que parecen quedarse
siempre en el árbol y que se limitan a ver la hierba húmeda del suelo desde
lejos. Y casi nadie ve estas hojas, pero están ahí arriba. Esto es lo que
ocurre. Hay personas que sí descubren el amor. Hay personas que sí descubren la
entrega total. Hay personas que solo quieren donarse sin esperar nada a cambio.
Hay personas que quieren entregar sus vidas por otras. Hay personas que
renuncian a otros placeres por formar familias. Hay personas que se
comprometen. Hay personas que toman decisiones para toda la vida. Hay personas
que solo se entregan completamente a una única persona y en el momento adecuado.
Son personas felices. Has leído bien, son felices. Pero son tan pocas estas
personas. Son tan pocas las hojas que no caen porque tienen sus peciolos bien
insertos en la rama. Son personas que han construido duramente sus fundamentos
con ladrillo. Qué triste es no ser capaz de construir con ladrillo. Qué absurdo
resulta querer estar en la hierba húmeda una y otra vez. Por ello, quiero ser
una hoja de las que no caen. Quiero que todo el mundo lo sea. Hoy doy gracias a
las hojas que no caen por dejarnos ver que no hay por qué caer.
![]() |
| Fuente: joseluislopezvelarde.com |


No hay comentarios:
Publicar un comentario